viernes, 22 de diciembre de 2017

Los Jóvenes Apicultores 2017 seleccionados recibirán sus premios estímulo



Con el objetivo de continuar promoviendo la presentación de proyectos que promuevan la vocación y las competencias emprendedoras en la cadena apícola los 40 ganadores del Programa "Jóvenes Apicultores 2017", recibirán el pago del premio estímulo de $20.000 cada uno, lo que equivale a un total de $800.000.

La iniciativa formó parte de la campaña "Súmale Miel a tu Vida" que se desarrolló por segundo año consecutivo en 2017, y es impulsada por la ex Secretaría de Agregado de Valor, actual Secretaría de Alimentos y Bioeconomía, a través de la Subsecretaría de Alimentos y Bebidas.

La convocatoria fue acompañada en forma conjunta por la Subsecretaría de Desarrollo Territorial, perteneciente a la Secretaría de Agricultura Familiar, Coordinación y Desarrollo Territorial.

De los 57 proyectos presentados que implicaba a 97 apicultores involucrados, el Comité de Selección de la convocatoria, conformado por la Sociedad Argentina de Apicultores, por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA); la Subsecretaría de Agricultura Familiar y las otras dos mencionadas; un representante del Consejo Nacional Apícola y de la Unidad para el Cambio Rural (UCAR), eligió los 40 proyectos e ideas proyecto ganadores.



Las presentaciones provinieron de diferentes provincias: Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro y Santa Fe.

Con estos programas, el Ministerio destaca el trabajo de los jóvenes que con sus ideas y propuestas incentivan el desarrollo de la apicultura argentina en cada rincón del país, fomentando el arraigo en cada territorio.

Se trata de una actividad netamente federal que cuenta con unos 23.000 productores y con exportaciones que superan anualmente los 160 millones de dólares, con más de 100.000 puestos de trabajo.

Agroindustria

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Convertirán residuos de langostinos en productos de valor agregado


Quitina obtenida en ensayos a escala piloto en Rawson

Con el objetivo de atenuar el impacto ambiental que generan los descartes provenientes del procesado de langostino, Pesquera Veraz S.A., GIHON Laboratorios Químicos S.R.L. y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), están desarrollando alternativas tecnológicas para convertir los residuos en productos de valor agregado.


Como primera iniciativa, trabajan en la extracción de uno de los componentes principales del exoesqueleto de los crustáceos —denominado quitina— para la obtención de quitosano.

Por sus propiedades naturales, estos biopolímeros tienen aplicación en agricultura, tratamiento de efluentes, alimentos y medicina, entre otros ámbitos.

Su comercialización posibilitará un uso sostenible de los residuos, en contraposición con su disposición en el terreno.

A principios de 2017, se concretó la firma de un convenio entre el grupo VERAZ y el INTI para desarrollar tecnología que contribuya a solucionar la problemática de los residuos del procesado de langostinos que obtiene esta pesquera en su planta en Rawson, Chubut.

Con los avances logrados entre los aportes de la empresa y el grupo de profesionales del centro INTI-Mar del Plata, se hicieron ensayos a escala piloto en las instalaciones de INTI-Química y se obtuvo una partida de quitina de la que se entregaron muestras a GIHON para que las ensayara y procesara de acuerdo a sus protocolos.

“Consideramos estratégicamente importante sumarnos a la cadena de valor del nuevo paradigma de la bioeconomía y crear un nuevo tipo de vinculación público-privada con un fin concreto, como en este caso lo estamos haciendo con Pesquera Veraz S.A. y el INTI con el propósito de mitigar el impacto ambiental producido por una industria tan importante como la pesquera”, subraya Alberto Chevalier, socio fundador de GIHON.

La firma, localizada en el Parque Industrial General Savio, se especializa en la producción y desarrollo de compuestos químicos de síntesis orgánica compleja, organometálica e inorgánica.

Por su parte, el ingeniero Federico Angeleri, director comercial de Pesquera Veraz S.A. sostuvo que tienen muchas expectativas por los resultados de trabajar en línea y con materia prima fresca.

Están conformes con las pruebas realizadas y se encuentran a la espera de que Laboratorios GIHON les dé su feedback con respecto a la calidad del producto.

Además, agregó que “la incorporación de GIHON al proyecto es muy importante y demuestra el compromiso de todos en solucionar el problema ambiental y obtener un subproducto biotecnológico que no se fabrica en el país actualmente".

Luego de ajustar el protocolo de extracción de quitina mediante pruebas en las instalaciones de GIHON y la planta piloto de INTI-Mar del Plata, un equipo técnico del INTI se trasladó a la ciudad de Rawson para hacer ensayos in situ a escala piloto, y validar el proceso puesto a punto.

Especialistas del área de Investigación y Desarrollo de Tecnología de INTI-Mar del Plata expresaron que, para ese propósito, contaron con un reactor de pequeña escala adaptado en las instalaciones de INTI, junto con la colaboración del personal, infraestructura y servicios de la pesquera.

Sostuvieron que además de ganar experiencia en el proceso de residuos de diferente origen tal como se disponen en la planta, obtuvieron los correspondientes lotes de quitina que serán analizados y constituirán insumos para ensayos de producción de quitosano.

Por otra parte, se encuentra próximo a firmarse un convenio entre las tres partes —GIHON, Pesquera Veraz y el INTI— para encausar las actividades conjuntas con la finalidad de implementar una cadena productiva que parta de los residuos del procesado de langostinos alcanzando la producción de quitina, quitosano y su aplicación en diferentes campos.

INTI Mar del Plata


miércoles, 22 de noviembre de 2017

Desde el IPATEC se producirán más y mejores levaduras para la producción cervecera



Recientemente, el IPATEC adquirió un equipamiento capaz de aumentar 10 veces la actual capacidad productiva de levaduras líquidas para cervecerías.

Esta adquisición es el resultado de la vinculación con el sector privado y posibilitará atender mejor la demanda regional de este insumo vital que contribuye a la alta calidad y diferenciación productiva de los cerveceros artesanales de S. C. de Bariloche.

¨Estamos demostrando que el sector público, en particular las instituciones de Ciencia y Tecnología, puede ser un pilar fundamental para acompañar y potenciar al sector productivo, y, a su vez, que éste último puede contribuir en el crecimiento y la mejora de las condiciones de trabajo del primero.

Esto resulta en un ciclo virtuoso y sinérgico muy provechoso para la sociedad” señaló Diego Libkind, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y actual director del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (IPATEC, CONICET-UNCo).

Un claro ejemplo de esto es lo que está sucediendo en materia de Ciencia y Cerveza en Bariloche. Actualmente, la levadura -insumo clave para la producción de cerveza- es importada y se encuentra en formato seco y con pocas variedades disponibles.

El IPATEC produce y ofrece más de 120 variedades de levadura en formato líquido de alta calidad, aportando cada una aromas y sabores característicos, lo que permite la diferenciación productiva de los cerveceros.

Con el objetivo de seguir colaborando con el sector cervecero, el IPATEC adquirió un nuevo equipamiento: el agitador orbital con control de temperatura Infors Multitron.

Se trata de una plataforma de producción de levaduras que llega a la Patagonia de la mano de la fructífera interacción que mantuvo el Instituto con la Empresa HEINEKEN.

El equipo multiplica diez veces la capacidad productiva de levadura liquida actual y permite en simultáneo producir múltiples variedades de levaduras que el consumidor verá luego reflejado en distintos sabores de cervezas.

Cabe mencionar que existen muy pocos de estos equipos en el resto del país.

La ciudad de Bariloche cuenta con la mayor densidad de cervecerías artesanales por habitante del país, generando múltiples oportunidades de puestos de trabajo y dinamizando notablemente la economía regional.

Al mismo tiempo representa un desafío enorme para el IPATEC crecer a la par de los productores y estar en condiciones de proveer servicios y levaduras a todos los que lo requieren.

Las empresas barilochenses también entienden la importancia socioproductiva que genera la incorporación de innovaciones.

Es por eso que varias han brindado su apoyo a las actividades del IPATEC; ejemplo de ello es el caso de Transportes IMAZ, el cual bonificó el traslado de este equipo desde Buenos Aires a Bariloche, como así también una centrífuga refrigerada y tres containers que serán parte del Centro de Referencia en Levaduras y Tecnología Cervecera (CRELTEC) que se está construyendo en la ciudad de San Carlos de Bariloche.

Este diálogo y apoyo efectivo entre el sector privado y el público no es el primero; como precedente se puede mencionar las donaciones en materiales y beneficios que el IPATEC ha recibido de distintas cervecerías nacionales, empresas locales y profesionales en apoyo a la construcción del CRELTEC.

Entre ellas está la Asociación de Cervecerías Artesanales de Bariloche (ACAB), Cervecería Cheverry, Antares, CASA PALM, Centro Eléctrico Bariloche, Agua y Gas, Agrimensor Eduardo Amor, Ingeniero J. Repossini, Arquitecto German Spahr, entre otros.

Cabe mencionar que el IPATEC continúa con el desarrollo de sus eventos itinerantes “Ciencia y Cerveza” por el país desde donde se brindan diversas capacitaciones en microbiología y perfeccionamiento en la elaboración de la cerveza, orientadas a mejorar y descubrir las potencialidades en el mejoramiento de la producción por medio del uso de nuevos conocimientos y experiencias específicos para el sector cervecero.

El próximo se realizará los días 1 y 2 de diciembre de 2017 en la localidad de San Martín, provincia de Buenos Aires. Para mayor información haga click aquí.

CONICET

lunes, 20 de noviembre de 2017

6 Dic - Biodiseño - Taller



El próximo 6 de diciembre se realizará en el Salón San Martín de la Bolsa de Cereales (Av. Corrientes 127 – 3er piso, CABA) el Taller de Biodiseño “BIOMATERIALES EN LA INDUSTRIA, una nueva herramienta de agregado de valor”, el mismo tiene como objetivo promover la industria local de biomateriales, desde la elaboración de materiales hasta el diseño y desarrollo del producto final, considerando las capacidades de valor agregado del material.



Destinatarios

Sector Académico: Estudiantes y Docentes de carreras de Ingeniería, Diseño Industrial, Arquitectura y Centros de Investigación afines.

Sector Empresarial: Industrias Plásticas, Industrias del Envase y Embalaje, PyMEs, Empresas Constructoras, Estudios de Diseño, Estudios de Arquitectura y Cámaras empresariales afines.

Sector Público: Técnicos vinculados a los biomateriales y la bioeconomía.



Contenido y Dinámica

El taller presenta tres ejes temáticos: biomateriales de desarrollo local (materiales con contenido biológico como bioplásticos, celulosa, composites); industrias de plástico convencionales que incorporan bioplásticos utilizando la capacidad tecnológica existente (adecuación de los procesos industriales a biomateriales); y el valor agregado del diseño e innovación en productos finales realizados con biomateriales en el sector industrial.

La dinámica de la jornada plantea, en cada bloque, una primera parte expositiva, y a continuación, un espacio de participación e intercambio con la finalidad de elaborar acciones futuras para promover e impulsar el sector a corto, mediano y largo plazo.




bioeconomia.mincyt


martes, 4 de julio de 2017

Carne de yacaré, tan saludable como sustentable


Carne de yacaré en escabeche 
Foto: CONICET Fotografía / Verónica Tello.

Una investigadora del CONICET estudia cómo explotar y mejorar este recurso en el marco de programas de conservación de la especie.

El yacaré overo (Caiman latirostris) es una especie de cocodriliano silvestre protegida que habita en ríos, riachuelos, pantanos y esteros de las regiones subtropicales de Sudamérica, en Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina.

Muy preciado por su piel y por ese motivo fue cazado hasta llevarlo casi a la extinción.

Sin embargo, la Argentina es pionera en su conservación, desde hace más de 25 años, existe ‘Proyecto Yacaré’, una iniciativa que promueve la conservación a largo plazo de la especie en su hábitat natural, evita caza furtiva y genera trabajo para las poblaciones locales.

Melina Simoncini, es investigadora asistente del CONICET en el Centro de Investigaciones Científicas y Transferencia de Tecnología a la Producción (CICyTTP, CONICET- Provincia de Entre Ríos-UADER) junto a otros científicos del CONICET están abocados a conocer y mejorar las características físico-químicas de la carne de este reptil como producto alimenticio alternativo.

“Mi interés por el estudio del yacaré overo surgió en 2002, cuando en el marco del Proyecto Yacaré realicé mi tesina poniendo a prueba un alimento balanceado seco formulado para estos reptiles. Luego estudié cómo las variables climáticas afectaban la reproducción de las hembras y la determinación sexual de la crías en la naturaleza.

Actualmente, junto al Carlos Piña, investigador independiente del CONICET en el CICyTTP y otros científicos evaluamos las características de las carnes de los yacarés y las posibilidades de mejorarlas o enriquecerlas.

Es increíble todo lo que se puede aprender de estos viejos habitantes de la Tierra, e incluso a través del manejo qué se puede hacer para que persistan”, explica la investigadora.

¿Dónde se produce la carne de yacaré?

La carne de yacaré overo se produce en Santa Fe, Corrientes y Formosa, y se comercializa en el marco de programas de conservación y uso sustentable que el veterinario santafesino Alejandro Larriera y colaboradores iniciaron en los ’90.

Tal es el caso del “Proyecto Yacaré” (Yacarés Santafesinos), que comprende la técnica de rancheo (colecta de huevos en la naturaleza) e involucra a los pobladores locales quienes obtienen un beneficio económico que actúa como incentivo para que protejan las áreas de nidificación y los yacarés en particular, y el ecosistema en general.

Luego del rancheo, ¿cómo continúa el trabajo?

Los huevos se trasladan al laboratorio donde se los incuba bajo condiciones controladas, y cuando eclosionan, las crías se mantienen en cautiverio alrededor de un año.

De estos animales, un porcentaje retorna a la naturaleza mientras que otro se destina a la producción sustentable. Esta técnica, también utilizada en Estados Unidos y Australia, se fundamenta en la alta mortalidad durante la incubación y el primer año de vida de las crías.

En este sistema, el beneficio conservacionista radica en liberar más animales de los que hubieran sobrevivido naturalmente, permitiendo destinar a la producción (carne y cuero) a aquellos animales que se hubieran perdido en su entorno natural y, además, en generar un incentivo económico para los habitantes locales.

¿Por qué debería recomendarse el consumo de carne de yacaré?

En la carne de yacaré la relación entre los ácidos grasos poliinsaturados y saturados supera a las carnes de vaca, pollo y trucha arco iris, y triplica el balance mínimo requerido para un alimento saludable, sugerido por el Departamento de Salud del Reino Unido.

No solo consumiríamos un alimento saludable de origen regional sino también apoyaríamos, de manera indirecta, un programa de uso sustentable y conservación de una especie autóctona.

La recomendación sería que se la incluyera en la dieta de los argentinos, quizás comenzando a consumirla una vez por semana y, de acuerdo a la aceptación, incrementando su frecuencia, sobre todo al saber que su consumo beneficiaría a la salud.

Aunque se debe tener la precaución de consumir solo las carnes provenientes de programas de uso sustentable registrados y procesadas en frigoríficos habilitados.

¿En qué radica el valor de la carne?

En que los Omega 3 son importantes en la prevención de enfermedades cardiovasculares, reducen la probabilidad de sufrir arterioesclerosis, artritis, cáncer colorrectal, diabetes, obesidad e inclusive enfermedades cognitivas como la depresión.

Con esta carne enriquecida se estaría incorporando una nueva opción de alimento saludable para el mercado y los consumidores.

A futuro, evaluaremos métodos eficaces para la preservación de los ácidos grasos incorporados a la carne, así como para añadir otros beneficios.

¿Cómo se puede enriquecer esta carne?

En primer lugar, con los investigadores iniciamos los trabajos estudiando la calidad de la dieta que se administra a los animales en cautiverio para luego evaluar la carne de yacaré producida en Santa Fe, una carne de sabor delicado, la que se puede caracterizar como: luminosa, de color rosa pálido y de una terneza similar a la de la carne de pollo; de sabor suave, con un alto porcentaje de humedad y una baja pérdida de peso en la cocción; alto porcentaje de proteína (alrededor del 20 por ciento) y un muy bajo contenido de grasas (menor al 1 por ciento); es una fuente de ácidos grasos insaturados o saludables como los ácidos oleico, linoleico y linolénico.

En segundo término, modificamos la dieta de los yacarés en cautiverio logrando reducir en la carne la proporción de algunos ácidos grasos saturados, y aumentando los insaturados como araquidónico y eicosapentanoico (conocidos como Omega 3), de gran valor para la salud humana.

Por Enrique Rabe. CCT Santa Fe.

CONICET


Al pan, pan, y al vino, ciencia



Científicos del CONICET estudian la reutilización del orujo, principal desecho de la producción del vino, para extraer de él una enzima de alto valor agregado y además disminuir la cantidad de residuos que se liberan al ambiente.

Desde los inicios de la vida en comunidad, el vino ha sido protagonista de grandes banquetes, poseedor de un dios, Dioniso para los griegos y Baco para los romanos, y portador de conocidos beneficios para la salud de las personas, como por ejemplo su poder antioxidante, por supuesto, siempre que se tome en su justa medida.

En nuestros días, esta bebida sigue acompañando a la vida cotidiana de las personas y se han estudiado diversos aspectos de su composición y elaboración; sin embargo, aún la ciencia tiene mucho para decir del vino.

Un grupo de investigación del Instituto de Procesos Biotecnológicos y Químicos (IPROBYQ, CONICET-UNR), dirigido por los investigadores independientes del CONICET Diana Romanini y Carlos Boschetti, trabaja en la reutilización de los desechos que origina la industria vitivinícola, en particular el orujo de uva.

“La idea es, siempre para nuestro grupo, recuperar moléculas de algún desecho, que tenga un valor, y diseñar métodos de extracción” señala Romanini.

“El orujo de uva es un desecho a partir del cual se puede producir enzimas de alto valor agregado y puede servir de materia prima para obtener una gran concentración de antioxidantes” explica la investigadora y destaca que este proyecto tiene además una parte ecológica: reutilizar el orujo y así evitar que se acumule y contamine el medio ambiente.

Para llevar a cabo este estudio, recientemente el trabajo fue seleccionado para recibir financiamiento a partir de la obtención de un Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) que otorga la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

Vino de local

Argentina es el octavo país productor de vino a nivel mundial, conocida es la presencia de esta actividad en la región de Cuyo, pero no es el único lugar del territorio nacional en donde se hace el vino.

Actualmente hay viñedos en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, pero esto no siempre fue así.

“Con la crisis económica de 1930, el gobierno decidió priorizar la producción de la industria vitivinícola de Cuyo, y en simultáneo se ordenó la quema de las viñas entrerrianas, cuya actividad productora venía creciendo ampliamente.

Hace muy pocos años, la producción de vino en nuestra región se reactivó” explica Romanini.

“El vino tinto es una de las bebidas más ricas en polifenoles, compuestos biológicos que poseen muchos beneficios para la salud debido a que contiene propiedades antioxidantes, y el residuo que queda después de la fermentación del vino, denominado orujo de uva que consta de las semilla, tallos y pieles de la fruta, también contiene altos niveles de polifenoles y podría ser de gran utilidad para las industrias farmacéutica, cosmética o alimentaria” señala Romanini.



Orujo como materia prima

Ser el octavo país productor del vino en el mundo representa una destacada posición, sin embargo, algunas consecuencias de esta situación pueden no ser positivas, como la masa voluminosa de desecho de orujo que se genera.

Este problema, sin embargo, es un nicho que al grupo de investigación le interesó explorar.

“Un desecho industrial es considerado algo sin valor, hasta que alguien encuentra alguna manera de cambiar eso, por ejemplo, el orujo de uva, por las propiedades antioxidantes que tiene, puede ser una materia prima de alto valor agregado” indica Ignacio Cabezudo, becario doctoral del CONICET que integra el grupo.

El becario realiza métodos acuosos de extracción de moléculas de interés y para esto compara las técnicas tradicionales, que utilizan solventes y compuestos contaminantes, con herramientas alternativas que son amigables con el ambiente, y lo que observa en los distintos modos de extracción es que la composición final de esas moléculas presenta diferente calidad.

“Nuestra idea es sumarle valor agregado a esos desechos haciendo un uso que permita generar alimentos funcionales” destaca.

“Nos interesa rescatar el valor de los antioxidantes, que de forma similar a la vitamina E, se oxidan en sí mismos para evitar que se oxiden las células de nuestro cuerpo.

Tienen ese efecto benéfico de prevenir la oxidación en nosotros” explica Cabezudo, y añade:

“La búsqueda de antioxidantes es el valor de estas moléculas y es sabido que el vino posee ese efecto terapéutico antioxidante y en el orujo se concentra mucho más de aquel que termina en el vino.

A su vez, el orujo cuando se libera al medio ambiente genera un gran problema de contaminación, por eso, nuestro trabajo va en esos dos sentidos, valorizarlo y prevenir la contaminación”.

La enzima

“Ingresé al proyecto buscando por un lado hacer extracciones acuosas de polifenoles usando enzimas en combinación y por separado, viendo que efecto tienen, en el rendimiento total que se obtiene de polifenoles, en la actividad antioxidante y también en la composición” cuenta la doctora María Rocío Meini, becaria posdoctoral del CONICET que también forma parte del equipo.

A partir del orujo, la doctora se dedica la producción de la enzima tanasa, mediante el cultivo de hongos. “Esta enzima degrada compuestos polifenólicos que se llaman taninos, que son los que le dan la astringencia al vino, también dan turbidez a jugos, cerveza, té.

Esta enzima también ayuda a que el producto final que se obtenga posea moléculas más pequeñas y con mayor poder antioxidante.

Poder producir esta enzima a nivel local es una manera de bajar costos de producción, porque su precio es muy elevado a nivel mundial y actualmente la comercializan muy pocas empresas en el mundo” destaca.

Un comienzo de vínculo

El grupo de investigación realizó con la empresa BorderRío una transferencia de material, para reutilizar el orujo que ellos generan y desarrollar productos, como la harina de vino, que se puede aplicar, por ejemplo, a la cocina gourmet.

“Nuestro proyecto tiene como objetivos obtener extractos que puedan ir a una mezcla de pan, a cremas, a suplementos dietarios, extractos caracterizados que puedan destinarse a otro tipo de productos” cuenta Romanini.

Por Ana Paradiso – CCT CONICET Rosario

Grupo de investigación:

Directores: Doctores Diana Romanini y Carlos Boschetti
Dra. María Rocío Meini (becaria posdoctoral CONICET)
Lic. Ignacio Cabezudo (becario doctoral CONICET)
Alumnas de licenciatura en Biotecnología: Natasha Melnichuk, Laura Ricardi y Carla Di Ponte.

CONICET


jueves, 1 de junio de 2017

Levaduras “killer”: alternativas ecológicas al uso de agroquímicos en la cosecha del limón en Tucumán


Investigadores del CONICET descubrieron proteínas hábiles para reducir los hongos que crecen en las cosechas de la provincia.

Tienen un nombre temible pero en realidad, son mucho más buenas de lo pensado.

Los científicos de la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI, CONICET) las bautizaron levaduras Killer, pero son levaduras que podrían sustituir a los agroquímicos para combatir las plagas que suelen atacar a la cosecha de limones en Tucumán.

Porque Tucumán es una de las principales productoras de limón: con una producción anual que supera el millón de toneladas, representa el 90% de la producción del cítrico en Argentina y el 30% a escala mundial.

Ahora bien: en el período post-cosecha, los limones son el blanco común de enfermedades, principalmente fúngicas, que deterioran rápidamente el fruto y generan pérdidas que impactan en la industria citrícola.

Dentro de esos agentes fitopatógenos que afectan al limón, se destaca el Penicillium digitatum, que produce una enfermedad denominada “podredumbre verde” –porque el limón afectado se recubre del hongo y adquiere una coloración verde oliva intensa-.

Y otro patógeno de importancia es el Penicillium italicum –o “moho azúl“, que puede ingresar y afectar al fruto por heridas, y también puede enfermarlo severamente-.

Los descubridores

“Con el objetivo de generar una alternativa al uso de fungicidas sintéticos y así evitar las consecuencias negativas que producen, buscamos un agente biológico que pudiera batallar contra las enfermedades post-cosecha producidas por hongos de una manera eficiente y sustentable”, sostuvo en referencia al desarrollo, el doctor en Ciencias Biológicas e investigador del PROIMI, Julián Dib.

Dib fue uno de los investigadores que, sabiendo del conocimiento de la existencia de estas levaduras y sus posibles usos como agentes de biocontrol, iniciaron la búsqueda de las Killer (propias de la zona citrícola de Tucumán), usando protocolos específicos de laboratorio.

En este proceso se aislaron más de 400 levaduras, que fueron caracterizadas posteriormente en los laboratorios del instituto en base a su capacidad de inhibir Penicillium digitatum y su capacidad Killer. Con las mejores candidatas de las etapas “in vitro” se siguió una etapa de ensayos “in vivo” (utilizando frutas infectadas con el hongo), para determinar su eficiencia en la protección del fruto.

“Actualmente estamos trabajando con tres cepas que presentaron niveles de protección superiores al 90%.

Pero además, las levaduras demostraron que pueden preservar la fruta por períodos de hasta 40 días en frío, demora que tiene el limón en exportarse y llegar- vía marítima- al mercado europeo y asiático desde nuestro país”, destaca Dib.

De esta manera, aclara que que la intervención de las levaduras killer está pensada para incluirse en la etapa de empaque de la fruta, antes de la comercialización.

Por otra parte, María Florencia Pérez, becaria doctoral del PROIMI, explica que las cepas, que fueron obtenidas a partir de cítricos locales, son componentes comunes de la microflora natural ubicada en la superficie de los frutos.

“En sí, el bioproducto que estamos generando proviene de la misma planta.

Eso significa que estos organismos nativos tienen ciertas ventajas adaptativas sobre nuestros limones en comparación a cualquier otro producto biológico foráneo que posea características similares”.

Y subraya que las levaduras tienen requerimientos nutricionales simples, ya que pueden crecer rápidamente en fermentadores utilizando sustratos económicos, lo que permite producirlas fácilmente y a gran escala.



Un mapa de soluciones posibles

Para entender la importancia de este descubrimiento, vale la pena un breve repaso: ¿qué son los agroquímicos?

Sustancias que se utilizan con el objetivo de optimizar el rendimiento de una explotación agrícola.

Dichos productos suelen utilizarse para luchar contra las plagas que afectan los cultivos y para favorecer un crecimiento más rápido de las plantas.

En otras palabras, los agroquímicos son empleados para mejorar la eficiencia de la producción y cuidar la sanidad de los campos y las frutas.

De acuerdo a las plagas que combaten, los plaguicidas pueden dividirse en fungicidas (eliminan hongos), bactericidas (bacterias) e insecticidas (insectos).

En la actualidad, para prevenir enfermedades post-cosecha por hongos se emplean fungicidas como el Tiabendazol o Imazalil.

Sin embargo, a pesar de la eficacia que tienen para controlar y contrarrestar estas patologías, el inconveniente reside en que cada vez existe un mayor número de cepas fúngicas resistentes a su uso. Incluso, se han generado barreras comerciales de restricción por parte de los mercados internacionales debido a los efectos adversos y al impacto negativo que tienen sobre la salud humana y el medio ambiente.

En este marco, la alternativa sustentable de las levaduras Killer se dibuja como una solución amigable con el medio ambiente.

¿Qué son las levaduras?

Organismos eucariotas clasificados como hongos, importantes por su capacidad para realizar la descomposición mediante fermentación de diversos compuestos orgánicos.

Además, estos organismos “nobles” se han empleado durante milenios en la industria alimentaria para la producción de pan, vino y cerveza, por ejemplo.

Particularmente, las levaduras Killer son organismos capaces de producir y secretar toxinas killer, que son proteínas o glicoproteínas con la habilidad de inducir específicamente la muerte de otras células microbianas, tales como los hongos filamentosos.

Es decir que, a través de ellas, se podría reemplazar parcial o totalmente el uso de agroquímicos para combatir los hongos del limón.

La investigación liderada por el doctor Julián Rafael Dib fue posible gracias a la colaboración que tiene PROIMI con la citrícola San Miguel, ubicada en Tucumán, y fue resuelto a través de un convenio conjunto de Investigación y Desarrollo (I+D) con la citrícola.

Además, los profesionales del PROIMI reciben asistencia de la Universidad Tecnológica de Malasia (UTM), a través de un proyecto conjunto que impulsa el uso de este producto.

Conforma además el equipo de trabajo las licenciadas María Florencia Pérez y Ana Sofía Isas, y la tesista de grado Julia Pérez Ibarreche, todos integrantes del instituto.

Y por el lado de la cítricola, la Ing. Jacqueline Ramallo y la Lic. Milena Sepúlveda

CONICET